WASHINGTON. Le llamaron “The Comeback Kid” (”El chico que reapareció”) por su
inesperado ascenso en las elecciones de 1992, y ahora Bill Clinton planea otro
regreso a la Casa Blanca de la mano de su esposa, una gesta sin precedentes
incluso para este animal político que no deja a nadie indiferente en Estados
Unidos.
El
discurso que ofreció hoy en la segunda jornada de la convención demócrata fue,
según sus asesores, uno de los más importantes de su vida, y en él trató de
humanizar a su esposa y combatir la imagen de líder calculadora y cegada por la
ambición que tanto puede perjudicarla en las elecciones de noviembre.
El
expresidente relató aquel día “de la primavera de 1971” cuando conoció a
“aquella chica sin maquillaje” en una clase de derechos civiles, y a la que no
se atrevía a hablar, pero con quien desde entonces “no ha dejado de caminar y
reír a su lado”.
“Nadie
puede hacer un mejor trabajo al hablar sobre las cosas que ha hecho Hillary,
las luchas en las que se ha metido. No solo las que conocemos, sino también las
silenciosas”, dijo antes del discurso el jefe de campaña de Clinton, Robby
Mook, a periodistas.
"CREO
QUE EL EXPRESIDENTE PROPORCIONA UN ATRACTIVO CONSIDERABLE A HILLARY COMO
CANDIDATA", DIJO UN PROFESOR DE LA GESTIÓN POLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD DE
GEORGE WASHINGTON, CHRISTOPHER ARTERTON.
Esa
tarea no es nueva y suele corresponder al cónyuge del candidato presidencial,
pero en el caso de Clinton lleva aparejada la curiosidad de tratarse del primer
aspirante a “primer caballero” en la historia del país, y el peso que supone
que ese pionero sea además un expresidente.
La
candidata demócrata adelantó que, si llega al poder en enero, planea “utilizar”
a su esposo para “revitalizar la economía” centrándose en las áreas más
deprimidas del país, dado que gobernó durante el periodo más largo de
crecimiento económico en la historia de Estados Unidos (1993-2001).
Ese plan
ha generado algunas críticas de quienes consideran que Bill eclipsaría el papel
tradicional del Departamento del Tesoro en la economía, pero otros creen que el
expresidente es mucho más un activo que un lastre en la propuesta demócrata
para la Casa Blanca.
“Creo
que el expresidente proporciona un atractivo considerable a Hillary como
candidata”, dijo recientemente a Efe un profesor de gestión política en la
Universidad de George Washington, Christopher Arterton.
En 2012,
Clinton se convirtió en un activo clave para la campaña de reelección de Barack
Obama precisamente por su manejo de la economía y su tirón entre los
trabajadores blancos de clase media.
La
popularidad del expresidente ha caído considerablemente desde entonces, y una encuesta
de la cadena CNN en junio la situaba en el 51 %, frente al 66 % que ostentaba
en 2014.
Ese
índice es un reflejo de la relación de amor-odio que Estados Unidos tiene en
general con los Clinton: algunos admiran su innegable talento político y recuerdan
con nostalgia la década de 1990, mientras que otros los consideran elitistas y
deshonestos, capaces de todo para hacer realidad sus ambiciones.
El único
presidente demócrata en ser reelegido en la segunda mitad del siglo XX -y el
único sometido a un juicio político en la historia de EE.UU.- no ha dejado de
influir en la vida política del país desde que dejó la Casa Blanca en 2001.
Sin
embargo, su presidencia es más recordada por el escándalo sexual con la becaria
Monica Lewinski que por el superávit presupuestario que logró o sus esfuerzos
para lograr la paz en Oriente Medio e Irlanda del Norte.
Tras
dejar la Casa Blanca, el expresidente creó la Fundación Clinton para enfrentar
retos globales desde el sida hasta el desarrollo económico y la lucha contra la
discriminación racial.
Las dos
cirugías cardiovasculares a las que debió someterse, en 2004 y 2010, le
impulsaron a cambiar su dieta y convertirse en vegano. Aunque asegura que le
gustan “las verduras, frutas y legumbres” que come ahora, en Acción de Gracias
come “un poco de pavo”, según confesó en una entrevista en 2011.
William
Jefferson Clinton llegó a la presidencia en 1993 como protagonista del
auténtico “sueño americano”, tras conseguir, con su esfuerzo, salir de un
ambiente de pobreza y convertirse a los 32 años en el gobernador más joven de
Estados Unidos.
Nació en
un lugar perdido del estado de Arkansas, llamado Hope (Esperanza), y nunca
conoció a su padre, que murió antes de que él llegara al mundo. Creció con un
padrastro alcohólico y violento, pero logró estudiar en las prestigiosas
universidades de Oxford y Georgetown.
Tras
fracasar al principio de su presidencia en su intento de realizar grandes
cambios sociales, como universalizar la sanidad o integrar a los homosexuales
en las Fuerzas Armadas, se convirtió en un “moderado” que prefería “reformar a
cambiar”.
Más de
dos décadas después de bautizarse como “Comeback Kid” con su sorprendente éxito
en las primarias de Nuevo Hampshire, Clinton se ha convertido en un actor
indispensable para garantizar que su esposa, la misma que se mantuvo a su lado
pese al escándalo Lewinski, consiga su propia conquista tras años buscando el
poder.
Lucía
Leal


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