Por Gabriela Orozco
Por ahora la responsabilidad principal
de la tragedia aérea de Medellín recae sobre un muerto, el piloto de la
aeronave Miguel Quiroga, quien no habría cumplido con los requerimientos de
rigor para realizar el vuelo, sobre todo por la insuficiencia de combustible.
El ministro de Defensa Reymi Ferreira
informó que Quiroga tenía un proceso disciplinario y estuvo detenido por
abandonar la Fuerza Aérea Boliviana y dedicarse a vuelos privados.
La otra persona a la que se le acusa de
incumplimiento de deberes y atentados contra la seguridad del vuelo es la
controladora, Celia Castedo, quien solicitó refugio en Brasil. Según reportes
de prensa, Castedo hizo observaciones sobre la autonomía de la aeronave, pero
la autoridad aeronáutica boliviana afirmó que esas advertencias nunca se
produjeron y que fueron fraguadas.
El caso se complica, cuando el presidente Evo Morales declaró que no sabía que
la compañía aérea Lamia tenía autorización para operar en el país y con las
posteriores afirmaciones del ministro de presidencia, Juan Ramón Quintana,
quien reconoció que el jefe de Estado abordó la nave de esa firma el mes
pasado, pero que no hay ninguna relación entre el Ejecutivo y la empresa.
Morales también admitió que el gerente
general de la compañía, Gustavo Vargas Gamboa, era su piloto, pero que no
conocía que desempeñaba ahora esa función en una línea aérea privada.

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