Una réplica del búnker de Hitler en Berlín,
a unos 1,6 km del lugar original. Historiale, una compañía privada que también
dirige el Museo Berlin Story, lo construyó.
¿Qué
hacer con los edificios asociados con la vida y muerte de Hitler? En Austria
quieren borrarlos pero en Alemania parecen querer escoger otro tipo de
funciones.
Tras
décadas de indecisión y retrasos el gobierno austriaco está movilizándose para demoler o
remodelar drásticamente la casa donde Hitler nació de tal modo
que nunca se convierta en un santuario para neonazis.
Wieland Giebel del Museo Berlin Story le
muestra un modelo del búnker de Hitler a un grupo de visitantes, el mes pasado.
En
Berlín, donde las autoridades adoptan un tono sombrío ante los terribles
sucesos de la Segunda Guerra Mundial, la cosa es distinta. La mayoría de los
lugares emblemáticos del gobierno nazi se demolieron hace años pero una
compañía comercial ahora está recreando uno de ellos como una atracción
turística: el búnker donde Hitler se suicidó en 1945.
Historiale,
que también dirige el Museo Berlin Story, construyó el nuevo búnker a unos 1,6
km del original. Wieland Giebel de Berlin Story dice que la intención era
mostrar a los turistas más sobre el pasado de la ciudad.
La
compañía atrajo cierta publicidad al invitar a decenas de corresponsales
extranjeros al tour de inauguración en otoño, y después abrió sus puertas al
público con visitas guiadas dos veces al día. Giebel comentó que cada tour
contaba con la presencia de al menos 30 visitantes, por 12,5 dólares por
persona.
La empresa Historiale hace visitas guiadas
por la réplica del búnker, con una duración de cerca de 90 minutos y a un costo
de 12 dólares por persona.
Al
igual que el museo, la visita guiada del búnker parece satisfacer un apetito
que varios expertos han reconocido: Hitler vende.
“Claro
que vende, de eso no hay duda”, dijo Stefanie Endlich, profesora de la
Universidad de Artes en Berlín y experta en arte nazi. “Pero todos estos nuevos
montajes de situaciones del Nacional Socialismo son un tanto inquietantes”.
Los
historiadores en instituciones financiadas por el Estado alemán como el
ampliamente reconocido centro de Topografía del Terror, que se encuentra muy
cerca de ahí, también se vieron trastornados por la empresa de Giebel.
“No
trabajamos con escenarios”, manifestó Kay-Uwe von Damaros, vocero del centro.
Además de eso dijo que Giebel “pide que se pague una cuota de ingreso, nosotros
no”.
Kay-Uwe
von Damaros calculó que cerca de 1,3 millones de personas visitaron la
exposición de Topografía del Terror, un recuento denso y desalentador de cómo
los nazis subieron al poder, gobernaron y destruyeron. “Esto muestra que el
interés en trabajar con esta narrativa sigue siendo elevado”.



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