Este dominicano se ha
enfocado en el estudio del dolor. Su paso por distintas instituciones,
incluyendo la universidad de Harvard, le ha dado el bagaje suficiente
El doctor Roberto
Feliz
Su apellido describe la personalidad cálida y alegre que identifica a los
dominicanos. Roberto Feliz cambió las soleadas tardes de su natal República
Dominicana por los fríos atardeceres de Boston, en Estados Unidos. Perseguía su
sueño de estudiar Medicina. Tras su paso por la Universidad de Dartmouth y la
Escuela de Medicina de Harvard se enfocó en el estudio del dolor durante su
posgrado en el Hospital Beth Israel y el Massachusetts General Hospital. Su
sonrisa, presente en todo momento, sincera y amable, contagia esa sensación de
seguridad de quien convive a diario con el dolor y sabe cómo vencerlo.
A escala mundial una de cada cinco personas sufre dolor crónico de
intensidad moderada a severa. Y se documenta que un tercio de la población
mundial padece dolor agudo o crónico a diario. Todos, en algún momento en
nuestra vida, vamos a sentir dolor. El dolor crónico puede tener un impacto
negativo entre esos afectados, incluyendo insomnio, depresión, eliminación de
actividad e aislamiento social. De la misma manera, el dolor crónico es
causante de un alto costo económico y de productividad a la sociedad mundial.
Se gastan miles de millones de dólares anuales en busca de tratamientos del
dolor.
Al terminar y graduarse de médico, se especializó como anestesiólogo y
luego hizo estudios avanzados para también especializarse como médico de dolor.
Actualmente, es el director médico del Boston Pain Center, donde implementa
múltiples técnicas para controlar el dolor agudo y crónico.
Si el dolor es una aflicción tan común, ¿por qué se conoce tan poco
sobre el dolor en sí y su tratamiento?
La falta de educación. En los países más desarrollados como EEUU y Europa
existen clínicas y médicos especializados en el tratamiento de toda clase de
dolor, como es mi caso en Boston. A diario recibo, evalúo y trato a pacientes
que llegan de diversos lugares del mundo en busca de alivio para su dolor:
migrañas, ciáticas, dolor de espalda, neuralgia, dolor de cáncer, dolor de
rodillas y diversos síndromes dolorosos, entre otros. Nosotros ahora entendemos
el dolor no solo como “¡ouch, me duele!”, sino que lo entendemos como una patofisiología,
y cómo podemos intentar bloquear o reducir esta sensación que afecta a tantas
personas. La ciencia y nuestro entendimiento de cómo tratar el dolor han
avanzado. No es un mandato vivir a diario con dolor.
¿Qué es el dolor?
Es una sensación normal, pero no agradable, que indica enfermedad o trauma
en algún lugar del cuerpo. El dolor puede ser físico o sicológico y el dolor
puede ser agudo o crónico, que son dos cosas diferentes.
El dolor agudo es la respuesta del cuerpo al trauma inmediato. Cuando el
dolor es agudo, por lo general cesa cuando la inflamación local termina. En
cambio, cuando el dolor dura más de tres meses se convierte en dolor crónico.
Nosotros ahora entendemos que el dolor crónico es una condición
neuroinflamativa y neurodegenerativa. Una vez que el dolor se convierte en
crónico y centralizado, es memorizado en las neuronas, lo que supone mayor
dificultad para controlarlo. Por ende, puedes eliminar el trauma o inflamación
inicial, pero si dejamos que el dolor se centralice y se convierta crónico
puede continuar por años o por toda una vida. Por esta razón es de suma
importancia tratar o reducir el dolor agudo lo más pronto posible, antes de que
se convierta en un proceso crónico y centralizado en el cerebro.
¿Cómo reducir o intentar curar el dolor?
En la Clínica del dolor contamos con diversas técnicas y medicamentos
útiles para reducir estos dolores: antiinflamatorios, antidepresivos, bloqueo
de nervios, bloqueos de facetas, inyecciones y rizotomias, infusiones de
células madres, entre otros.
A través de estas ‘herramientas’ gestionamos el dolor para que podamos dar
una mejor calidad de vida a los pacientes.
¿Es necesario sentir dolor?
Sí. El dolor es la señal que envía el cuerpo para indicarte que algo anda
mal y, por ende, reclama atención. El cuerpo es un sensor. El dolor es la señal
principal por la cual el cuerpo te habla.
Acostumbrarse al dolor equivale a un carro con una llanta que esté mal.
Progresivamente se irán dañando las otras llantas. Cuando empiezas a sentir
dolor hay que ponerle atención. Puede ser algo malo o algo simple. Lo
importante no es solo reducir el dolor, es también de suma importancia buscar
la causa detrás del dolor.
¿Suprimir el dolor puede engañar a la enfermedad?
Suprimir el dolor no afecta la enfermedad. El cuerpo va a buscar otra forma
de hacer visible la enfermedad. No es posible engañar al cuerpo, es como un
sensor. Podemos bloquear algunos sensores o nervios, pero el cuerpo buscará
otra forma de alertarnos. Lo importante es determinar cuál es la causa del
dolor y de una forma u otra interferir con su transmisión o interpretación en
el cerebro. Y con los nuevos avances de la ciencia del dolor, esto se logra.
Fuente: www.eldeber.com.bo/

Publicar un comentario