Leonel Fernández/ Listin Diario
EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
En estos días la sociedad dominicana ha sido conmovida
por la solicitud de la Procuraduría General de la República de imponer medidas
de coerción a varios ex-funcionarios y legisladores, tanto del partido oficial
como de la oposición, por presuntamente haber aceptado el pago de sobornos en
contraprestación para la adjudicación de obras de infraestructura.
De conformidad con el acto de solicitud de la medida
de coerción, en diciembre del 2016, la empresa multinacional constructora
Norberto Odebrecht, había suscrito un acuerdo con el Ministerio Público Federal
de Brasil, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la Procuraduría
General de Suiza, en el que reconocía que durante los años 2001 al 2014 había
realizado pagos en distintos países, con el fin de facilitar o asegurar la
adjudicación de contratos para la construcción de obras de infraestructura.
Casi al mismo tiempo en que las autoridades judiciales
dominicanas actuaban frente al denominado caso Odebrect, igual ocurría en
Ecuador, en el que cinco ex-funcionarios también fueron acusados por el
Ministerio Público de ese país sudamericano de haber incurrido en actividades
ilícitas vinculadas a la empresa brasileña.
Pero, con anterioridad, ya se habían desatado, de
igual manera, persecuciones en contra de funcionarios y ex-funcionarios en
Perú, Panamá, Colombia, México, Argentina y Chile.
Era algo sin precedentes en la historia judicial de
América Latina.
Normalmente, los casos tienen lugar dentro del ámbito
territorial de un país, dentro de su jurisdicción nacional, o a lo sumo, entre
dos países.
Pero ahora, como consecuencia de las reveladas
actuaciones de Odebrecht, una empresa multinacional, de origen brasileño, se
creaba una situación novedosa que desborda las fronteras nacionales.
Aunque hay razones para molestarnos e indignarnos, por
la todavía falta de transparencia y debilidades en los mecanismos
institucionales de rendición de cuentas, lo que ha acontecido es algo de una
gran complejidad. Es algo sin antecedentes. Es la entrada a una nueva etapa
transnacional del delito de cuello blanco, guiada por empresas multinacionales.
Corrupción dominicana
En la República Dominicana, como en el resto de
América Latina y el Caribe, la corrupción es tan antigua como nuestra propia
historia.
En una aguda observación hecha en su libro, Crisis de
la Democracia de América en la República Dominicana, el profesor Juan Bosch
escribió: ¨En los países de América Latina, con muy pocas excepciones,
gobernantes y gobernados ejercen la corrupción en la forma más natural, y la
corrupción no se limita al robo de fondos públicos sino que alcanza a otras
manifestaciones de la vida en sociedad.¨ Luego, refiriéndose a su período de
gobierno, afirmó: ¨Durante años y años, la corrupción había sido rampante, descarada
y organizada desde lo más alto del poder público; no iba a ser fácil, pues
acabar con ella.¨ Corrupción hubo durante la dictadura de Trujillo. Es más, se
afirma que durante esa época ni siquiera existía la República Dominicana.
Lo que
había era una Compañía por Acciones, propiedad de Trujillo, que llevaba el
nombre de República Dominicana.
Durante
la etapa del presidente Joaquín Balaguer, el saqueo de fondos públicos llegó,
en un momento dado, a niveles tan alarmantes, que el propio mandatario llegó a
decir, en frase célebre, que la corrupción sólo se detenía en la puerta de su
despacho.
Yo mismo,
hace más de 20 años, cuando fui escogido, por primera vez, como candidato
presidencial del Partido de la Liberación Dominicana, llegué a consignar que el
valor monetario de la corrupción en la República Dominicana era equivalente a
cerca de 30 mil millones de pesos.
La
corrupción, pues, a lo largo del tiempo, ha sido un elemento intrínseco de la
vida pública en la República Dominicana, así como, en mayor o menor medida, en
la generalidad de los países de América Latina.
Ahora
bien, dentro de ese marco, ha sido el Partido de la Liberación Dominicana la
organización política que, desde el poder, mayores contribuciones ha realizado
para crear la estructura legal que haga efectiva la lucha contra la corrupción.
Fue en el
artículo 46 de la Constitución del 2010, auspiciada por el PLD, que por vez
primera se estableció, en forma clara y precisa en un texto constitucional, la
condena a toda forma de corrupción en los órganos del Estado; la obligatoriedad
de la declaración jurada; la pena de degradación cívica a las personas
condenadas por delitos de corrupción; y la ampliación de los plazos de
prescripción para su persecución.
Fue en
los gobiernos del PLD que se aprobó la Convención de Naciones Unidas contra la
Corrupción; la Convención Interamericana contra la Corrupción; la Ley de
Función Pública; La Ley de Contraloría; la Ley de la Cámara de Cuentas; la Ley
de Presupuesto; la Ley sobre Compras y Contrataciones de Bienes, Servicios,
Obras y Concesiones; la Ley de Libre Acceso a la Información Pública; la Ley
Contra el Lavado de Activos; la que instituye el Código de Ética del Servidor
Público; la creación de Comisiones de Ética Pública; la creación del Consejo
Asesor en Materia de Lucha Anticorrupción de la Presidencia de la República; la
reforma y modernización de la justicia; y la elaboración del nuevo Código
Penal, así como del nuevo Código de Procedimiento Penal.
En fin, a
pesar de las debilidades institucionales aún existentes y de la justa
indignación de importantes sectores de nuestra sociedad con respecto al flagelo
de la corrupción, también es válido reconocer el aporte realizado por los
gobiernos del PLD a la creación del entramado legal que permita su prevención,
persecución y condena.
Corrupcion
universal Pero no es sólo en la República Dominicana o en América Latina y el
Caribe donde existe corrupción.
También
hay corrupción en Rusia, donde luego del desplome de la primera revolución
socialista del mundo, apareció una mafia rusa con ramificaciones en distintas
partes del mundo.
En China
persiste la corrupción, a pesar de que se han ejecutado personas por ese hecho
y a otras se les ha condenado a prisión de por vida. Los antiguos países de la
órbita socialista de Europa oriental se encuentran entre los más corruptos del
viejo continente, como son los casos de Bulgaria, Rumanía, Polonia, la
República Checa y Eslovaquia.
Pero
algunos de los países de Europa occidental, que tienen siglos de civilización,
tampoco escapan al contagio de la peste social de nuestros tiempos. Tal es el
caso de Italia, España y Grecia, pero también de Alemania y Francia.
En los
Estados Unidos, los principales bancos del país son sorprendidos continuamente
en la comisión de prácticas dolosas, como ha ocurrido con Wells Fargo; JP
Mogarn Chase o Citigroup.
La
opinión pública internacional quedó estupefacta cuando se enteró de que las
agencias calificadoras de riesgo otorgaban categoría Triple-A a los bonos
creados con las hipotecas subprime o de alto riesgo, que llevaron a la ruina el
sistema financiero internacional en el 2008; o cuando se destapó el escándalo
Libor de manipulación de las tasas de interés en los préstamos interbancarios.
Empresas
de gran prestigio internacional como la norteamericana Enron; la italiana
Parmalat; y la alemana Siemens, se han visto envueltas en grandes escándalos
por falta de transparencia en sus ejecutorias.
Hasta la
Federación Internacional de Futbol, la famosa FIFA, no pudo patear el balón con
transparencia y fue descubierta en una práctica continua, de años, de fraude,
sobornos y lavado de activos.
Como
podrá observarse, la corrupción está extendida por todo el planeta, y es tan
vieja en su práctica que resulta incluso anterior a la época de cuando la
Iglesia vendía el perdón de los pecados, es decir, las llamadas bulas de
indulgencia, lo que provocó a tal grado la ira de Martin Lutero que terminó
dando origen a la Reforma Protestante.
Ahora, en
esta segunda década del siglo XXI, lo que ocurre es que debido a la magnitud,
el perfil de los actores y la mayor visibilidad y frecuencia de actos de
corrupción, las sociedades se han tornado más sensibles, y exigen, con razón,
que se haga justicia.
Pero, además, se han desatado, en el ámbito
internacional, nuevas dinámicas económicas, sociales y políticas como
consecuencia de los persistentes niveles de desigualdad social; la expansión de
una clase media urbana políticamente activa; las nuevas técnicas de
comunicación y de movilización social; y el empoderamiento ciudadano y de
organizaciones de la sociedad civil fruto de la nueva institucionalidad
proclive a la transparencia.
Mientras tanto, en lo que atañe al expediente del caso
Odebrecht, del que se encuentra apoderado un Juez de la Instrucción Especial de
la Suprema Corte de Justicia, de lo que se espera es que el órgano judicial
actúe, tal como se consagra en los Principios Fundamentales del Código Procesal
Penal, con absoluta imparcialidad e independencia; en base al principio de
presunción de inocencia: y sujeto al criterio de legalidad de las pruebas.
Y así, se hará justicia.

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